Madurescencia: Nuestra próxima revolución

Iniciando un nuevo ciclo vital en la era de la longevidad

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Somos la nueva mayoría

El aumento de la esperanza de vida (82 años de media en 2020) y el descenso desde hace décadas de la tasa de natalidad convierten a los mayores de 50 años en la nueva mayoría. Sin embargo, vivimos en una sociedad que ensalza la juventud y nos obliga, a través de todos los medios de comunicación, a mantenernos eternamente jóvenes y luchando contra algo inevitable como es el paso del tiempo. La longevidad de la que disfrutamos es una conquista social, un regalo del siglo XXI, y debemos centrar nuestros esfuerzos en planificar todos los años que nos quedan por delante, en lugar de intentar mantenernos en el pasado en una falsa juventud. Pasemos pues del "antiAging" al ProAging.

Retomando los proyectos de la primera juventud

Nuestra vida se ordena en diferentes ciclos por los que pasamos todas las personas: una época que dedicamos a formarnos, otra para formar una familia, otra centrada en nuestro desarrollo profesional…, pero siempre llega un momento en que entramos en la llamada crisis de la media edad, la crisis madurescente como a mí me gusta llamarla, en la que nos cuestionamos si eso es todo lo que la vida nos ofrece. Es el momento de retomar viejos sueños olvidados, de iniciar un nuevo ciclo vital en el que muchos nos sentimos más libres, nos conocemos a nosotros mismos mucho mejor que en la juventud, nos sentimos con salud y energía y somos capaces de iniciar un nuevo proyecto vital. Es una época parecida a la adolescencia en el sentido de que saldremos de ella renovados y con un nuevo proyecto.

Compartiendo experiencia

Pero no somos adolescentes. La experiencia acumulada nos dota de más y mejores recursos para adaptarnos a la realidad cambiante. Las experiencias vividas nos permiten encontrar ese atajo que nos acerca rápidamente a la solución de un problema, nos dota de habilidades relacionales y de comunicación, fruto de nuestra convivencia durante años con todo tipo de personas y sobre todo, la experiencia nos hace desear compartir con otros nuestros conocimientos y habilidades. Todo sénior lleva dentro un mentor, un formador que quiere transmitir lo aprendido a lo largo de su vida y a la vez un aprendiz que conserva intacta su curiosidad y su deseo de comprender el entorno que le rodea.

El futuro es sénior. Los sénior queremos seguir siendo parte activa de esta sociedad donde, en un momento de transformación e incertidumbre, nuestra experiencia es más necesaria que nunca para contribuir a la construcción de un mundo más justo, más sostenible y solidario.

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